Diez veces al día debes vencerte a ti mismo; eso crea una buena fatiga, que es el mejor opio del alma.
Diez veces debes reconciliarte contigo mismo, porque es amargo vencerse, y el que no esta reconciliado duerme poco.
Diez verdades has de descubrir durante el día; de otro modo, buscarás verdades durante la noche y estará tu alma hambrienta.
Diez veces al día debes reír y estar alegre, sino te molestará de noche el estomago, ese es el padre de la aflicción.
Así pasan el día los virtuosos. Cuando viene la noche me guardo de bien de llamar al sueño. El sueño, que es el rey de las virtudes, no quiere ser llamado.
Sino que pienso en lo que he hecho y pensado durante el día, Rumiando, me interrogo con paciencia como una vaca. ¿Cuales fueron tus diez victorias sobre ti mismo?, ¿Y cuales fueron las diez reconciliaciones, y las diez verdades y las diez risas con que se holgó mi corazón?
Reflexionando en esas cosas y mecido por cuarenta pensamientos, el sueño, el que no he llamado, el rey de las virtudes, me sorprende de golpe.
Calladamente se desliza sobre mí el preferido de los ladrones y me roba mis pensamientos. Y yo estoy de pie, hecho un tronco.
Zarathustra
Diez veces debes reconciliarte contigo mismo, porque es amargo vencerse, y el que no esta reconciliado duerme poco.
Diez verdades has de descubrir durante el día; de otro modo, buscarás verdades durante la noche y estará tu alma hambrienta.
Diez veces al día debes reír y estar alegre, sino te molestará de noche el estomago, ese es el padre de la aflicción.
Así pasan el día los virtuosos. Cuando viene la noche me guardo de bien de llamar al sueño. El sueño, que es el rey de las virtudes, no quiere ser llamado.
Sino que pienso en lo que he hecho y pensado durante el día, Rumiando, me interrogo con paciencia como una vaca. ¿Cuales fueron tus diez victorias sobre ti mismo?, ¿Y cuales fueron las diez reconciliaciones, y las diez verdades y las diez risas con que se holgó mi corazón?
Reflexionando en esas cosas y mecido por cuarenta pensamientos, el sueño, el que no he llamado, el rey de las virtudes, me sorprende de golpe.
Calladamente se desliza sobre mí el preferido de los ladrones y me roba mis pensamientos. Y yo estoy de pie, hecho un tronco.
Zarathustra
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